jueves, 10 de mayo de 2018

Baquet Ford T

Mi abuelo paterno, José Tomás Uldane, fue carpintero, herrero y mecánico. Este último oficio se lo enseñó Alberto “Tito” Cattaneo en la localidad de Tres Lomas en la provincia de Buenos Aires. Eso fue hace, más o menos, 80 años en el tiempo.
 
Alberto "Tito" Cattaneo junto a su baquet Ford T, llamada "Lindorita".

Mi abuelo además de esos oficios solía correr carreras en una baquet Ford T, en esas carreras rurales se realizaban en la provincia de Buenos Aires. Justamente la vieja fotografía tiene un ejemplar de baquet Ford T y su preparador, Tito Cattaneo, posa junto al auto de carrera.

Porque eso era un auto de carrera en aquellos años. Para ubicarnos en el tiempo: finales de la década de treinta y principio de los años cuarenta. Tal vez el estallido de la Segunda Guerra Mundial no había afectado a las competiciones en Argentina.

Lo cierto que además de mecánico y preparador Cattaneo piloteaba sus propias creaciones. La baquet Ford T de la foto se llamaba la “Lindorita”. Según mi padre, José Lorenzo Uldane, que tiene 87 años de edad, la bautizaron así porque era linda y la había hecho el propio Cattaneo.

La foto está tomada frente a la casa de Tito Cattaneo, que estaba a media cuadra de la plaza de Tres Lomas. Noten que la calle era de tierra, como era lo habitual en esos pueblos del oeste bonaerense en los años cuarenta. Tal vez la foto sea de esa época.

Un rival de las carreras de Cattaneo era César Tamborini que tenía un Willys de 6 cilindros y siempre terminaba rompiendo la tapa de cilindros por el esfuerzo al que sometía su auto de carrera. Todo por querer sacarle una vuelta a los demás competidores.

Tamborini era originario de Lonquimay en la provincia de La Pampa. Cerca de Tres Lomas. Porque estas carreras rurales se corrían en los caminos cercanos a las poblaciones. Todo era amateur en aquellos años. Por eso las publicidades que podían llegar a tener estas baquets bonaerenses.

Un tiempo pasado pero no cargado de recuerdos y emociones para los que vivieron esos tiempos. Esta nota simplemente es un homenaje a esos hombres que competían con los recursos que tenían a mano. Además de ser una manera de divertirse en los fines de semanas de esos pueblos perdidos en el interior de la provincia de Buenos Aires.

Pero además demuestra que pese a estar cerca del campo el espíritu fierrero estaba presente. Por eso es interesante conocer estas historias para comprender desde dónde nos viene, a los argentinos, esa pasión por los fierros. No es una moda pasajera, sino que hay todo un pasado para conocer, investigar, estudiar y comprender.

La fotografía es una de las tantas que ha heredado mi padre y ahora, gracias a Archivo de autos, muchos lectores pueden conocer. Es como abrir una ventana al pasado, por un rato, y espiar cómo era la vida de los fierros en el pasado. Simplemente eso, con todo lo que representa.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos 

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