Lenguaje claro

domingo, 13 de septiembre de 2015

Ruta rara

La tarde era cálida para ser primavera, pero el clima es así en los últimos años. Es como si todo se fuera calentando un poco más. En eso estaba pensado mientras manejaba mi auto por aquella ruta desolada. Nadie a la vista, por delante, ni por detrás. Hacía rato que ningún otro vehículo se había encontrado conmigo y era raro por lo hermoso del día.



Estaba en esos cabildeos cuando de repente veo por el espejo retrovisor otro auto que avanza desde atrás. Lo que noto es que se me adelanta y sigue en contramano. “Este tipo está loco”, pensé para mis adentros mientras mantenía mi velocidad crucero.

La próxima curva que diviso la noto muy peraltada. La verdad que no recordaba que esa curva estuviera de esa forma antes. En realidad no recordaba si había transitado esta ruta. Todo era muy confuso por momentos. Como nebuloso.

Al entrar a la curva veo que el auto rojo que me pasó sigue adelante mío y en contramano. Pensé que se iba a encontrar con un camión y el accidente sería inevitable. Aunque los accidentes no se pueden evitar. La leyenda “evite accidentes” siempre me pareció estúpida.

Como evitar algo que justamente es un evento, algo inesperado que sucederá y no algo programado como quieren hacernos creer en este siglo XXI que nos toca vivir. “Tengo un evento”, me dijo un amigo hace poco. A lo que le pregunté, “¿dónde será lo inesperado?”. Debo decirles que mi amigo me miró con cara de “este tipo está loco”.

Volviendo a la ruta desolada no podía creer que el auto rojo siguiera yendo por el carril contrario. Pero seguía su marcha como si nada. Aceleré un poco más a la salida del curvón peraltado para entrar en una larga recta. El auto rojo parecía inalcanzable. 

Pensé que en la siguiente curva lo encontraría estrolado contra otro vehículo que circulara en sentido contrario. Pero nada de eso ocurrió. Luego de la larga recta, donde me pareció oír gritos de algarabía, apareció una curva en forma de “S”. Nada complicada que pude superar a la velocidad que venía, sin salirme de mi carril.

El auto rojo, que hasta ahora no podía identificar con una marca y un modelo, seguía por delante corriendo en contramano como un demonio. “No hay un puto patrullero cuando se lo necesita”, pensaba mientras no sacaba los ojos del camino. Noté que el asfalto estaba mucho más negro de lo que creía recordar.

Aunque no podía recordar si había pasado alguna vez por esta ruta desolada. Claro que sin contar al enloquecido, endemoniado, auto rojo. Por supuesto que hasta altura de los acontecimientos pensaba que el conductor, o conductora, no lo sabía, o estaba loco o alcoholizado. También se me ocurrió pensar que podía estar drogado.

Si fuera de noche tal vez nos toparíamos con un control policial para medir el nivel de alcohol en sangre. Pero como dije la policía, gendarmería o la autoridad que fuera no estaba presente en esa ruta desolada y de negro, muy negro asfalto.

Aunque viéndolo bien no parecía asfalto. Pero no podía distraerme mucho porque otra curva se acercaba luego de una corta recta. Y luego otra recta más larga en subida y al final una contra curva cerrada. Después un puente. Seguía sin recordar esta ruta tan rara y negra.

Ahora volvía a ver el auto rojo pasando por debajo del puente que acababa de cruzar. En unos instantes más también estaba debajo del puente con mi auto para adentrarnos en un túnel totalmente a oscuras. Por suerte era corto y ni siquiera atiné a encender las luces del auto.

El auto rojo seguía delante de mí ahora en una bajada en zigzag. “¡Qué ruta rara!”, pensé mientras trataba de recordar si alguna vez había pasado por ahí. Pero lo más sorprendente estaba por pasarme. Otro auto más venía al lado mío, como si se tratara de una autopista, no una autovía. Era la ruta más ancha y más negra que recordara.

En eso noto que el paisaje me parecía conocido. Ahora lo recuerdo es… La recta larga que tiene una curva al final. Un frío me recorrió la espalda. Tomé conciencia que ya había pasado por ese mismo lugar antes. Y hacía muy poco tiempo cuando el auto rojo iba en contramano, como el auto azul de ahora…

Los gritos de la tribuna (¿tribuna?) eran más fuertes al pasar por esa larga recta. A esta altura de los acontecimientos no entendía nada. Un auto rojo y otro azul en contramano o en lo que parecía una autopista, pero no tenía carriles en sentido contrario. O al menos no los veía desde mi auto.

Pero lo que más me llamaba la atención era que seguía por el mismo carril de esa ruta rara. Ahora no tan desierta porque también había un auto azul a mi derecha. En eso me pasa por la izquierda un auto amarillo. Claro estoy en una autopista.

¿Pero cómo llegué a esta autopista? Si yo venía por una ruta desierta. No entendía nada solo manejaba como un autómata. Debo de estar soñando. Es eso un sueño nada más que eso. Pero al tocar mis brazos sentí mi calor corporal lo mismo que la textura del asiento del auto y del tablero. Eso me indicaba que no era un sueño. Estaba bien despierto.

Tan despierto estaba que ahora vi como el auto rojo y al azul estaban a la par en la curva cerrada antes del puente. ¿No pasé para acá hace un rato? Detrás de ellos el auto amarillo. El rojo y azul entraron muy rápido a la curva y pasó lo que me temía. Salieron volando y cayeron a un costado de la pista. ¿Pista? ¿Por qué dije pista? Si venía por una ruta o una autopista.

Pero parece una pista. Al pasar por donde volcaron los autos veo algo que me llama la atención. Debajo de la carrocería tienen, los dos autos, algo raro. Como una guía con unos alambres. No entendía nada, pero no quise mirar mucho más porque estaba justo en la curva del puente y esa es peligrosa.

El auto amarillo estaba muy adelantado y fui en su búsqueda. Ya al llegar a la recta terminé de confirmar que estaba dando vueltas en círculo sin comprender muy bien cuando metía la pata en el camino. Todo era muy confuso y más cuando la gente gritaba tanto en la larga recta. Confirmado: es una tribuna como si fuera un autódromo…

Ahora entiendo. Por alguna razón, que no logro comprender, estoy dentro de un circuito de carrera. ¿Pero cómo llegué hasta acá? Eso si que no me lo puedo explicar. Voy a tratar de parar en el próximo árbol que vea, así descanso un rato a la sombra. En eso veo un arbolito hermoso, como pintado. Pongo en punto muerto, pero el auto no se desacelera. Piso el freno y nada. Sigue andando. Lentamente giro el volante para morder la banquina de a poco.

Ahí es cuando entro en pánico el auto no responde sigue en línea recta como si se trata de un Scalextric… La puta madre es eso estoy metido en un maldito Scalextric y recién caigo. Si seré estúpido. He estado dando vueltas a un circuito en miniatura y los autos volcados eran así por los contactos con la pista.

No puede ser. Estoy soñando. No, ya pasé por eso y no sirvió. No me desperté. Ahora la pregunta del millón es: ¿quién está manejando el auto en el que estoy metido? Eso me aterró más que saber que estaba dentro un auto slot, como los llaman los que más conoce del tema.

Solté el volante y como era de esperar este siguió en línea recta, como un Scalextric. Era más que obvio. Pero al menos el que estaba del otro lado del pulsador sabía manejar porque no había tenido salidas de pista, ni vuelcos. Dicho esto confirmé que tuviera si cinturón de seguridad colocado. Lo tenía y bien sujeto.

Hasta parecía que tenía jaula antivuelco y todo el cacharrito en el que viajaba. El dueño se había tomado el trabajo de hacer muy bien todos los detalles. El volante, el tablero, los asientos, porque tenía el del acompañante. Detrás estaba un remedo de tanque de combustible como en las viejas cupecitas del TC.

¡Es eso! ¡Estoy dentro de una cupecita de TC del Ayer! Por lo que puedo ver es de color verde con una franja blanca en el medio. ¡Cómo no me di cuenta antes! Los otros competidores también son TC de Ayer. Debe ser una competencia de autos slot de esa categoría.

Ahora, ¡cómo carajos estoy acá adentro! No tengo el recuerdo que nadie me achicara tanto para ser el piloto de un viejo TC. Tampoco tengo dotes de piloto deportivo. ¿Y cuándo se termina esta carrera? Ahí caí en la cuenta que tenía ganas de hacer pis. Claro si soy humano tengo necesidades fisiológicas que todos solemos tener.

Aunque habrán notado que en muchas películas los héroes no van al baño. No es que me quiera comparar con un héroe, pero que a esta altura de los acontecimientos, perdón, de la carrera parezco una caricatura de mi mismo. Y eso me aterra un poco. Que me convierta en un muñequito de plástico que alguien pintó con esmero para luego pegarlo en un viejo TC slot. Para correr una carrera en una pista de mentira.

¿Y si realmente estoy pegado al asiento con un pegamento anaeróbico? ¿Por qué tengo estos pensamientos tan negros? Si la carrera está de maravillas y vamos primeros. ¿Cómo lo se? Porque en el paso por boxes vi el letrero donde indican que el verde está en la punta. Ahora no podemos perder la carrera por mis estúpidos miedos.

Ya estamos en el baile, bailemos aunque sea con la más fea y renga. Mi conductor, o pulsador, es bueno de verdad. En un principio parecía que íbamos despacio pero ahora volamos en esta ruta de mentira de color tan negro. Lo que si estoy sintiendo es un poco de calor dentro de este encierro de plástico que me rodea. Claro esta carrocería de plástico no tiene ventanillas que correr. Aunque si tiene un agujero en el medio. 

Acerco la cara y un poco de aire fresco me invade el rostro. Eso está bueno. Porque el motorcito eléctrico está levantando mucha temperatura y espero que no derrita parte del baúl. Porque estos autos slot tiene su motor eléctrico en la parte trasera. Los fierreros diríamos que son de tracción trasera, como su motor.

Lo que parece es que fuera un viejo Scalextric como de los setenta. Lo digo por el diseño del chasis de lo poco que puedo ver del motor y que no está montado en diagonal sino derecho como el sentido de marcha. Creo que he visto muchas publicaciones de autos slot y eso me está haciendo mal. Pero estoy transpirando la gota gorda en este habitáculo de plástico. Espero que falte poco para terminar la carrera.

Otra vez el griterío de las tribunas en la recta principal. Cada vez son más estridentes. Eso me hace pensar que es la última vuelta. Algo alcanzo a escuchar: “… tima vuelt…”. Cuando pasamos por las tribunas, como si un relator estuviera transmitiendo la carrera como en las viejas épocas del TC.

El calor es insoportable y de nada sirve que arrime la cara al pequeño agujero de la ventanilla. El aire que entra ya no es frío sino que está caliente como si el sol me pegara en la cara. Siento el cuerpo muy caliente. Y la carrera que casi termina. Faltan unos metros, perdón unos centímetros para la llegada. Ya está la meta a nuestro alcance y el TC verde llegará primero.

Pero el calor es muy agobiante. Como ese sol que entra por la ventana de mi casa por las mañanas cuando me quedo dormido. A veces suena el despertador y no lo escucho, pero lo que si escucho es un timbre que anuncia que la carrera terminó. El timbre sigue y más fuerte. El calor no lo tolero y la luz del sol me despierta.

¿Me despierta? ¡La puta madre otra vez me quedé dormido! El agudo timbre del despertador sigue sonando anunciando que la carrera… perdón que mi sueño terminó. Me levanto de un salto de la cama. Previamente acallé al maldito despertador que no me dejó terminar la carrera. En eso de mi cama se cae una revista.

La levanto y la miro. Es la que compré ayer por la tarde en el quisco de la esquina. Es sobre autos slot y habla del campeonato de TC del Ayer. ¿A qué no saben que auto está en la tapa? ¡Sí un TC del Ayer verde con una franja blanca! Hasta me parece que conozco al piloto… pero de eso mejor, no quiero hablar. 

Mauricio Uldane

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